domingo, 6 de septiembre de 2020

SER NIÑO EN EL MUNDO DEL COMPRAME


Vivimos en un mundo de mercado, que avanza adelgazando identidades, el desafío que padres y docentes enfrentan en resguardo de los derechos de la infancia. La canción de Diego Torres (Diego Antonio Caccia), Color esperanza, que fue furor a nivel mundial, porque, este autor que tomo el apellido de su madre (la famosa actriz Lolita Torrez), por conveniencia económica, nos enseña que todos queremos que el mundo cambie, positivamente, por supuesto, a través de su canción, que levanto tanta plata que se peleó con los otros dos autores de la misma por derechos a las regalías.



Dejando de lado la incongruencia ética del cantante con “su canción”, esta tuvo tanto éxito a nivel mundial que un programa radial nacional, convoco a todas las escuelas del país a enviar microprogramas producidos pro niños y jóvenes para participar de un concurso.

A través de este proyecto se buscaba ponderar el vinculo escuela radio, conocer las herramientas educativas al incorporar la producción áulica e indagar sobre el grado de autonomía estudiantil para elaborar discursos y argumentaciones.

El concurso tuvo una gran respuesta, entre tanto vivíamos la crisis del 2001, frente a los altos índices de pobreza, un alto índice de los trabajos se mostraba distante a las dificultades socioeconómicas.

Esta canción fue adoptada como el himno de la crisis, convirtiéndose en un elemento prioritario en las escuelas.

Esto es reflejo de la maquinaria voraz consumista, legitimando relaciones sociales especificas y dando a la memoria publica un sentido diferente, cimentando valores y estereotipos.

Es necesario indagar la fuente, a la que acceden los mas jóvenes, y disfrutar de una oferta cultural con una diversidad de propuestas favoreciendo el análisis, y apropiación de lo ofrecido.

La escuela y la familia tienen el desafío de comprender la complejidad del tema.

En América Latina, tuvimos nuestra propia versión de “Disney”, de la mano de la productora de Cris Morena, se rompe el esquema familiar de la tv, motivando el consumo. Generando la figura del niño consumidor, a través de la identificación con los objetos. Integrándolos en la maquinaria del tener para ser y pertenecer. Lo mismo sucede con los celulares.




Este proceso toma vigor en la última década del S.20, la televisión produce mayores efectos socializadores en las capas sociales y culturales mas débiles.

Los niños asisten a clase en las pantallas, pero cuando llegan a la otra escuela, es necesario colocar los conocimientos adquiridos en un contexto social e histórico más amplio.

Si bien en el S.20 se reconoce la infancia como sujeto de derecho, en el S.21 es imprescindible que los adultos se responsabilicen de materializar el enunciado anterior.




 

 

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